> Aquellas máquinas eran como una novia_



Cuenta Martínez del Vas en su primoroso libro La Aventura Colosal, que José Antonio Morales, autor de esa joya del videojuego español titulada Livingstone Supongo, le dijo una vez que los adolescentes de los 80 "nos enamoramos de nuestros ordenadores". 

Y es cierto: reconozco que cada vez que escucho a alguien vituperar a mi primer Spectrum —el famoso clon de Investrónica me molesta tanto como si estuvieran hablando mal del gran amor mi infancia. Un amor cuyo recuerdo solo me provoca sentimientos de felicidad y dulzura.

Quizás por eso me gustan tanto las novelas de Asimov en la que los humanos se enamoraban de los robots, o aquella película, Her, donde ya se adivinaba algo de lo que hoy empieza a ser una realidad con los últimos avances de de los chatbots de lenguaje natural.

Y digo esto porque este fin de semana he estado jugando a dos estupendas aventuras de texto escritas para Commodore 64, un ordenador mucho más minoritario que el Spectrum en la España de los 80 —creo que nunca conocí a nadie que tuviera uno—, y del que, seguramente, también se enamoró en su niñez Bieno Martí, autor de estas dos aventuras.

La primera es La última tumba: típica aventura de arqueólogos en Egipto, con dunas, pasadizos oscuros, criptas secretas, trampas mortales, momias y jeroglíficos. Los rompecabezas: lógicos, divertidos y muy difíciles, aunque por eso mismo la satisfacción al resolverlos es mayor. Lo único que eché en falta es poder quitar los gráficos pues, en general —salvo que sean muy buenas, que no es el caso— prefiero las aventuras sin ilustraciones.

Pero la que me ha gustado de verdad es Los Smiths están muertos, un juego muy original ambientado en la Inglaterra de los años 80. Aquí tomas el papel de un músico de pop indie, intentando reunir las piezas perdidas de una partitura para poder grabar tu primer single tras la disolución de tu banda. Aunque los enigmas son mucho más sencillitos, la ambientación y el concepto del juego me han encantado. Lo he pasado fenomenal. Otra vez lo más flojo son los gráficos aunque, en esta ocasión, me molestaron menos.


Ya tengo echado el ojo a la siguiente aventura que voy a jugar de este autor: El prisionero, basada en una serie de la televisión británica de los años 60, tiene muy buena pinta. Y lo mejor de todo es que existe una versión de Spectrum sin gráficos... ¡Y cual no sería mi sorpresa al ver que el autor es el gran Rockersuke, el programador de mi Doña Elisa

Y es que el mundo de las conversacionales es un pañuelo...