> El otro, el mismo_
Hace veinte años que comencé a publicar mi blog. No tengo ni idea de cuántas entradas habré escrito en todo este tiempo. Es probable que más de mil. Como la inmensa mayoría las he ido borrando, no hay forma de saberlo.
Mi blog siempre ha sido el mismo con distintos nombres: e-Rasmus reloaded, Contra mundum, Error de sintaxis, IDE 1984, Vida, dulzura y esperanza nuestra… y algunos más que ya ni recuerdo.
Eran todos distintos y, a la vez, el mismo. Como yo. Como todo lo que escribo.
A lo largo de estos años he ido cambiando; he cambiado muchísimo, pero la mayoría de mis inquietudes actuales ya estaban presentes, de alguna manera, en aquel hombre treinta años más joven que comenzó a escribir poesía con las mismas intenciones que un pavo real al extender sus plumas.
En eso sí que he cambiado: ahora ya no escribo para impresionar a nadie. Más bien me sucede lo contrario: me produce bastante pudor pensar que lo que escribo llegue a ser leído por otros.
Y, sin embargo, todavía quedan tantas cosas en mí de aquel muchacho inseguro y enamoradizo: incluso cuando releo los poemas de mi primer libro reconozco en ellos gran parte de las preocupaciones que me han acompañado y que me acompañan todavía.
¿Me siento satisfecho de lo que soy, de a dónde he llegado? ¿Qué consejo le daría si pudiera hablar a ese otro yo de entonces?
Ninguno, en realidad: si hay algo que me diferencia de él es que cada vez me siento menos identificado con el personaje que, con tanta torpeza, he tratado de representar. Y eso, aquel otro yo, nunca sería capaz de entenderlo.
Será que de tanto leer a los místicos, me está pasando como a Santa Teresa, y Dios empieza a concederme la gracia de la despersonalización.
O quizás que, como al buen Alonso Quijano del poco dormir y del mucho leer, se me está secando el cerebro.
Aunque en mi caso no va a ser por falta de sueño; de hecho duermo ahora mejor que nunca: nueve o diez horas cada noche, y aún me quedan ganas para mis buenas siestas.
A veces fantaseo con la idea de reunir los pocos artículos que aún no he borrado y publicarlos en papel, aunque solo sea para tener un ejemplar en mi biblioteca y así engañarme pensando que de esta forma no serán algún día devorados por el olvido...
