> La Aventura Colosal_
Termino de leer un libro que compré hace tiempo pero que, hasta ahora, solo había ojeado: La Aventura Colosal. Historia de las Aventuras Conversacionales, de Jesús Martínez del Vas.
Estuve pensando en hacer una reseña para el CAAD, pero como decía mi abuela: "si no tienes nada bueno que decir, mejor te callas." Así que simplemente dejaré aquí mi opinión, habida cuenta de que este blog no está indexado por ningún buscador y solo lo conocéis unos pocos amigos. Como siempre os pido: no compartáis nada de lo que escribo en redes sociales.
Lo más curioso es que considero el libro de Martínez del Vas imprescindible para cualquier amante del género… y, sin embargo, tiene tantos aspectos que no me gustan que no sabría cómo hacer una reseña sin callarme lo que de verdad pienso o, por el contrario, quedarme con la desagradable impresión de que estoy masacrando al autor.
Lo primero que me llama la atención es lo bien editado que está, y esto es muy de agradecer: el libro es una preciosidad, tanto en el formato como en la maquetación, las fotografías y las ilustraciones.
Pero nada más empezar a leer, me pongo nervioso: la prosa de Del Vas es tan aséptica, tan comedida y políticamente correcta, que, si no fuera porque fue editado en 2018, pensaría que ha sido escrito con ayuda de una chatbot. Lo cual me lleva a una inquietante reflexión: ese inconfundible hedor aséptico al que los periodistas nos tienen hoy tan acostumbrados es algo que ya existía incluso antes de la aparición de los textos generados por modelos de lenguaje natural. Estos no ha hecho más que asumir y consolidar una tendencia que la cultura actual ya había interiorizado: la deshumanización de la prosa informativa.
Es cierto que, en alguna ocasión, Del Vas hace pequeñas concesiones a su propia experiencia personal, pero la impresión general que te deja el libro es la de estar leyendo una monografía de enciclopedia o un manual escolar. ¿Era esta la intención del autor? Supongo que sí. Y quizás eso es lo más preocupante.
Lo segundo que me sorprende del libro —casi debería decir que me molesta— es la desmesurada atención que se presta a la ficción interactiva anglosajona.
Vamos a ver, que no se me entienda mal: ME APASIONA todo lo que tiene que ver con Adventure, Scott Adams, Brian Howarth, Infocom, Level 9, Magnetic Scrolls, Fergus McNeill, las piradas de St. Bride's... y esa parte del libro me ha parecido muy interesante —aunque, insisto, el estilo me resulta insufrible—, pero ¿tiene sentido dedicar más de la mitad del libro a contar con todo lujo de detalles la historia de compañías, autores y juegos que nunca llegaron a España y que aquí prácticamente nadie —salvo Samudio— conoció de primera mano... para luego pasar de puntillas sobre la mayoría de las aventuras que se hicieron en nuestro país? De verdad que no lo entiendo. Me resulta desconcertante.
Porque la parte dedicada a las aventuras españolas, en comparación con las inglesas, resulta raquítica. Y eso es lo que menos comprendo.
Y por último: el género tuvo una vida más allá de lo comercial. ¿Por qué no se habla casi nada del CAAD, de la bolsa de aventuras, de los fanzines, de las compañías amateur, de la época del SPAC? Apenas un par de páginas en las que se da un repaso apresurado y, nuevamente, centrándose casi más en el mundo anglosajón que en el hispano.
Quizás mi disgusto venga de la sensación de que se ha perdido la oportunidad de contar la historia de las aventuras desde la perspectiva de quienes fuimos niños en la España de los años 80... que es lo que yo realmente esperaba, mientras que lo que aquí me he encontrado es otra cosa: parece más bien una historia de la aventura conversacional traducida del inglés a la que se hubiera añadido un apéndice dedicado al mundo hispano.
En resumen: un libro imprescindible, precioso, que he leído con verdadera pasión... pero que no me ha gustado.
