> La vida como un puzle_
Últimamente hay una imagen que vuelve una y otra vez a mi cabeza. Imaginad que la vida fuera como un puzle en el que todas las piezas encajan perfectamente unas con otras. Quiero decir: no como esos puzles donde cada pieza es ligeramente distinta y solo encajan aquellas que realmente deben hacerlo según el dibujo final.
El puzle con el que estoy comparando la vida es uno en el que cualquier pieza puede encajar perfectamente con cualquier otra, en cualquier sitio, sin ser el correcto.
Y es un puzle de miles, de cientos de miles de piezas.
Entonces uno empieza a colocar las piezas sin estar muy seguro de lo que está haciendo, y los años van pasando, y llega un momento en que parece que el puzle empieza a tomar forma... pero no hay manera de que la imagen tenga sentido.
Las piezas están mal puestas y, aunque todo encaja, lo hace de forma equivocada. Van pasando los años, el tiempo se va acabando, y cada vez la angustia es mayor, porque sabes que nunca llegarás a tener el puzle bien hecho.
Y entonces vienen las urgencias, las prisas, el miedo, la náusea.
¿Pero qué pasaría si hubiera una forma de contemplar la belleza incluso sin haber puesto cada pieza en su sitio? ¿De descubrir en cada pieza el puzle perfecto, la imagen final que estabas buscando? ¿De encontrarle sentido a todo, incluso sabiendo que no hay nada en su sitio?
Ya no hay manera de volver atrás, pero tú sientes que aquello que estabas intentando montar, a pesar de todos tus errores, de tanto dolor, ha cobrado sentido.
Y sí, puede que ese reconocimiento duela, porque te das cuenta de que no hay forma de recomponer el puzle, que las piezas que están mal puestas no pueden cambiarse de sitio.
Y sin embargo, la dulzura de haber visto la imagen perfecta del puzle dentro de cada pieza ya no te abandona.
Y esto es un don.
Hace muchos años, cuando era muy joven y todavía no entendía casi nada de lo que escribía, en uno de mis poemas hablé exactamente de esto. Entonces estaba jugando con las palabras, con sentimientos prestados, con lugares poéticos. No comprendía en absoluto lo que estaba diciendo, porque todavía no lo había vivido.
Pero algo dentro de mí me decía que era verdad.
LAS ORILLAS DEL TIEMPO
Yo busco el sentimiento de un presente olvidado:
los días y las horas que no quieren volver.
Si lo pienso no sé si estoy equivocado
o si es el pensamiento lo que no puede ser.
Lo que ayer fue mañana hoy ya nos ha dejado
y si es así no puede dejarnos de doler
(tal vez San Agustín estaba equivocado:
si lo pienso es el tiempo lo que no puede ser.)
Todo lo que hemos sido (¡y con qué fuerza fuimos!)
no parece distinto de un inefable error.
La vida no ha pasado como entonces quisimos.
Si hubo algo en que acertamos, ese algo es el amor.
Carlos M. Aguirre
