> Las ruinas de la blogsfera_
Hace no mucho tiempo —aunque hoy parezca una eternidad— hasta los gatos tenían un blog.
Trataban de todos los temas que uno pudiera imaginar: desde crítica literaria hasta macramé; incluso había blogs especializados en cómo hacer blogs.
Yo me sumé a la moda en 2005. A lo largo de los años he cambiado en varias ocasiones de ubicación y de nombre: e-Rasmus reloaded, Contra mundum, Error de Sintaxis, IDE 1984, Vida, dulzura y esperanza nuestra, y alguno más que ya no recuerdo. Pero los contenidos han sido siempre los mismos: aventuras de texto, lecturas, cine, tebeos, poemas, coleccionismo, reflexiones y recuerdos.
Quizás las reflexiones tenían los primeros años un tinte más político: aunque la vena mística siempre ha sido en mí una constante, entonces todavía no me sentía tan alejado de la lucha de partidos.
Lo cierto es que quedamos muy pocos autores de blogs. La mayoría de los que he seguido han desaparecido o están inactivos y los pocos que siguen escribiendo, reciben menos visitas que el reactor número 4 de la central de Chernobil.
Y eso es un círculo vicioso: sin lectores, la mayoría de los autores de blogs escriben cada vez menos, y un blog sin publicaciones frecuentes, acaba quedándose sin lectores.
Recuerdo una viñeta que muchos ponían en la columna de su blog con una especie de monstruito que decía: "Mi blog se alimenta de tus comentarios".
A mí, personalmente, nunca me desanimó la falta de lectores. En esto, como en casi todo, soy un tipo muy raro: siempre he preferido mantenerme discretamente al margen del mundo, casi en secreto, bloqueando la entrada a los robots indexadores y pidiendo a los pocos amigos que me leen que no compartan nada de lo que escribo en las redes sociales.
Hoy esto ya es innecesario: la blogsfera está tan muerta que, incluso aquellos que ponen todo su empeño en conseguir lectores, fracasan.
Quizás a mí me pase lo que dijo el poeta:
Quien habla solo, espera hablar a Dios un día...
