> Por siempre_



 "Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces: ¡Por siempre, por siempre!"


La tarde se apaga,

suaviza la brisa.

En la vieja casa

Teresa, la niña,

susurra a su hermano

ya casi dormida:

"Por siempre, por siempre..."

Rodrigo acaricia

despacio su mano.

"¿Dónde está, hermanita,

ese amor tan grande

que nunca termina?

¿Ese amor por siempre

que no se marchita

del que hablan los libros

de caballerías?"

"Por siempre... Rodrigo...

por siempre..." lo mira

y cierra los ojos.

Rodrigo suspira.

Teresa ya duerme

con una sonrisa.

Carlos M. Aguirre