> Soñar con Marte_
Una de las mejores profesoras que tuve en el Bachillerato —que, por cierto, era tía de la chica que me gustaba— tuvo la maravillosa ocurrencia de ponernos completa, durante sus clases de Ciencias Experimentales, la serie Cosmos de Carl Sagan.
Nunca se lo agradeceré lo suficiente: Sagan hablaba de un futuro en el que viajaríamos a planetas lejanos, descubriríamos océanos de metano en Titán y contactaríamos con civilizaciones millones de años más avanzadas que la nuestra.
Yo me lo creía todo. No porque fuera un ingenuo, sino porque quería creerlo. Quería pensar que el universo no era solo caos y vacío, sino un lugar rebosante de vida y posibilidades.
Fue más o menos en aquella época cuando empecé a aficionarme a la moderna ciencia ficción: Asimov, Bradbury, Dick, Lem, Stapledon... todos ellos me hicieron soñar con una humanidad que conquistaría las estrellas y, por supuesto, una de las primeras etapas de aquel viaje, sería Marte.
Ahora leo un artículo de Johan Paz, que de ciencias sabe muchísimo más que yo, y no puedo evitar preguntarme si me estoy perdiendo algo: si Marte es un infierno, si la radiación, la atmósfera y la falta de magnetosfera hacen que colonizarlo sea poco menos que una quimera ¿es que nuestro querido Sagan estaba equivocado?
Se suele decir que Colón calculó mal el perímetro de la tierra y por eso no llevó provisiones suficientes: de no haberse topado con las Antillas, su proyectado viaje a las Indias habría acabado con tres bonitas carabelas muertas de hambre en medio del océano.
Pero descubrieron América.
No digo que nosotros vayamos a ver terraformar Marte o a montar una cadena hotelera en la luna... pero si miramos el espacio con frialdad matemática, nos estamos perdiendo la historia completa. Si la humanidad ha llegado hasta aquí, ha sido porque ha soñado más allá de sus límites.
No toda la ciencia ficción es metáfora. Es más, lo que hoy llamamos ciencia mañana quizás descubramos que no era más que un error de cálculo: el sueño de un Genovés.
Sagan lo sabía. Asimov también. Y yo prefiero seguir soñando con ellos.
