> X-Men_



La primera vez que me hablaron de la Patrulla-X fue en 6º de EGB: había llegado a nuestro curso un chico nuevo que, como es natural, desconfiaba del peculiar ambiente libertario, casi de comuna hippie, del Colegio Siglo XXI.

A mí, quizás por eso, aquel chico misterioso me llamó la atención. Así que, aunque al principio sufrí por su parte alguna broma pesada —ahora entiendo que era su forma de protegerse—, me empeñé en ser su amigo, y al poco tiempo lo logré.

Lo que me atraía de Monteira —que así se apellidaba el muchacho— era que sabía cosas de adulto... y eso, en aquella etapa en que empezaba a abandonar la niñez y a adentrarme en el pantanoso y fascinante mundo de la adolescencia... lo hacía verdaderamente irresistible.

Monteira tenía una novia mayor —solo dos cursos más, pero en aquellas edades a mí me parecía como si tuviera una de veinte años—, y además se daban besos con lengua.

Pero lo mejor de Monteira es que era un experto en cómics: traía a clase unas historietas que no se parecían en nada a los Mortadelos y Pitufos que yo había leído hasta entonces: El Caballero Luna, Creepy, 1984, Totem, El Motorista Fantasma... Todo lo que traía Monteira me parecía el colmo de la sofisticación tebeil.

De aquellos cómics adultos que me descubrió Monteira, curiosamente el que más me enganchó fue el más inocente de todos: las aventuras de un grupo de superhéroes mutantes con problemas de adolescentes... ¡Perfecto! 

Yo ya había leído algunos tebeos de Superman, Batman, Spiderman y los 4 Fantásticos, pero ninguno de ellos logró atraparme tanto como La Patrulla-X.

Cogí el serial in medias res, en la época dorada de Chris Claremont y John Byrne... y la historia me apasionó tanto que acabé comprando toda la colección en el Rastro, incluidos los primeros números, publicados por Vértice en unas horrendas ediciones mutiladas y en blanco y negro.

Mi amor por aquellos personajes llegó a tal extremo que hasta les dediqué un poema en mi primer libro... cuando todavía casi nadie en España había oído hablar de los X-Men.

X-MEN

No vayas a pensarte, pelirroja,

que eres tan especial; tampoco creas

que es la primera vez que me enamoro,

ni tan siquiera de una pelirroja.

Cuando era niño ya lo estuve de una:

era la chica de los Hombres-X.