> Quinta semana_
Llevo cinco semanas trabajando en el instituto y tengo la sensación de que han pasado cinco meses.
No porque se me esté haciendo largo el curso, ni porque esté deseando que lleguen las vacaciones. Al contrario: estoy disfrutando muchísimo de mi regreso a la enseñanza secundaria.
Es simplemente que el tiempo, para mí, transcurre muy despacio.
Estas cinco semanas han estado llenas de acontecimientos, experiencias, descubrimientos, preocupaciones, satisfacciones y pequeñas aventuras. Tantas que, cuando recuerdo los primeros días de septiembre, tengo la impresión de que ha pasado una eternidad desde entonces.
Pero me temo que me estoy poniendo metafísico, que diría el Rucio.
Así que, pasemos a la crónica deportiva, que esta semana tiene también algo de cinematográfica.
Comunicación y Sociedad
Esta semana mi objetivo prioritario ha sido cuidar mi garganta. La infección que sufrí está prácticamente superada, pero la mucosa sigue irritada y cualquier esfuerzo resulta fatal para su recuperación.
Siete horas semanales con FP Básica pueden convertirse en un auténtico tour de force para las cuerdas vocales, así que he decidido prolongar el estado de excepción durante toda la semana: en lugar de dar las clases que tengo preparadas, hemos estado viendo películas.
La primera fue El Bola, una película española de los años 90 protagonizada por adolescentes. La vimos entre el lunes y el martes.
Algunos quedaron encantados. Otros dijeron que era un rollo. Uno llegó a calificarla de peliculón.
No está mal.
El miércoles empezamos El viaje de Chihiro, del gran Miyazaki. Casi todos la habían visto, pero no les importó repetir. Aunque el jueves varios decidieron irse al aula de Luis (su tutor y profesor de informática, que tiene TODO su horario con FP Básica, pues da clase al grupo de primero y al de segundo) para estar con sus amigos repetidores. Luis tuvo misericordia de mi garganta y se los quedó... y de paso pude comprobar que no soy el único profesor de FP Básica al que los dilectos no hacen ni caso.
El viernes quisieron repetir la secesión y se fueron directamente con sus amigos de primero en vez de quedarse en mi clase a ver otra película. Como me parecía abusar del pobre Luis, decidí marchar a buscarlos cual buen pastor que sale a recuperar a sus ovejas descarriadas:
—Venga, muchachos, dejad en paz a Luis, volved a mi clase y no me hagáis gritar que todavía estoy malo.
Y regresaron todos sin protestar.
El bueno de Luis, por cierto, parecía bastante aliviado.
Yo había preparado una sesión doble de Watchmen, pero resulta que el lector externo de DVD no reproduce discos Blu-ray, así que tuve que improvisar y echar mano de alguna de las películas que tengo en el departamento de Clásicas.
Elegí 300 y fue un acierto total. Alguno hasta me preguntó el título y el año de la película para poder volver a verla.
Lo más meritorio es que la puse en inglés con subtítulos y no hubo protestas.
Eso sí: algunos aprovecharon para dormir y Rubén decidió dedicarse a ver en su ordenador un maratón de episodios de Dragon Ball.
Quizás no ha sido una semana ejemplar, pero tampoco pretendía que lo fuera.
Estoy enfermo y necesito descansar la voz. Si la administración ha dado órdenes de que, salvo que haya fiebre, no te dan la baja, lo único que nos queda es adaptar las actividades a nuestras posibilidades.
Lo importante era que comprendieran que se trataba de una situación excepcional.
Y creo que lo han entendido.
Ahora tengo tres días para reponerme del todo y el martes espero poder dar otra vez a mis dilectos alguna clase de verdad.
Ya lo dice el Evangelio: Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cultura Clásica
Con mis pequeños de segundo de la ESO he tenido una de las mejores clases de lo que llevamos de curso.
La semana anterior habíamos visto un documental de Les Grands Mythes, la magnífica serie de Arte dedicada a la mitología griega.
Trataba sobre la cosmogonía y la teogonía: el nacimiento del universo, Gea, Urano, Crono, Rea, Zeus y la lucha entre los dioses olímpicos y los titanes.
El lunes, nada más entrar, les pregunté:
—¿Qué recordáis de lo que vimos la semana pasada?
Una de las alumnas, una niña pelirroja de origen rifeño, recordaba perfectamente todo el argumento, pero tenía un pequeño problema: se había olvidado de los nombres. ¡Solo se acordaba de Zeus!
Sabía quién había hecho qué, quién se había casado con quién, quién había devorado a sus hijos y quién había terminado derrotando a su padre.
Pero no recordaba cómo se llamaban.
Era como cuando de niños contábamos la película del oeste que habíamos visto en televisión durante el fin de semana y los protagonistas eran el sheriff, el bueno, la rubia, la chica y el malo.
Y entonces ocurrió algo que me encantó: sus compañeros fueron completando los nombres que había olvidado Khadija.
Entre todos conseguimos reconstruir perfectamente la historia con los nombres de todos los dioses y monstruos. Solo se olvidaron de los hecatónquiros.
Estos chicos van a por el mundial.
En la siguiente sesión vimos algunos vídeos de castellano-manchegos en Atenas, que nos permitieron acercarnos a Grecia sin necesidad de que yo pronunciara ni una palabra. No fue una clase tan brillante como la anterior, pero mi garganta lo agradeció.
Latín I
En Latín I hemos terminado por fin el primer capítulo de Familia Romana. Y digo por fin porque llevamos cinco semanas de curso.
A este ritmo, alguien podría pensar que no vamos a llegar muy lejos.
Pero cada vez estoy más convencido de que no hay ninguna prisa.
Non multa sed multum.
Mi objetivo no es terminar muchos capítulos.
Mi objetivo es que aprendan latín.
Y, de momento, están aprendiendo. Esta semana les hice un examen oral de vocabulario: llevamos aproximadamente cuarenta palabras.
Cuando les pregunté del latín al español, las recordaron todas.
Y cuando invertí el ejercicio, del español al latín, apenas cometieron dos o tres errores.
Latín 2 - Prisas 0
También hablamos del alfabeto, de los nombres de las letras griegas y su significado en fenicio y como una cosa siempre acaba llevándome a otra, les terminé explicando la diferencia que hay entre un toro y un buey.
La conclusión final de la digresión fue que la humanidad tendría muchos menos problemas si castrásemos a todos los machos de la especie.
El pobre Luca (el único chico entre seis chicas) no sabía dónde meterse.
Nos reímos muchísimo.
El viernes comenzamos por fin el capítulo II y les tenía preparada una pequeña sorpresa: mi capsula decorada con motivos de mosaicos romanos.
Y dentro de ella había nueve muñecos romanos de Playmobil.
Los homunculi: Iulius, Aemilia, Marcus, Quintus, Iulia, Medus, Davus, Delia y Syra.
Todos convenientemente caracterizados para representar a la familia romana protagonista del libro y a sus esclavos.
Entré en clase, coloqué la caja sobre la mesa y empecé a sacar los personajes.
Y durante aproximadamente quince minutos hice una pequeña representación teatral completamente en latín.
—Hic est Iulius. Iulius est vir Romanus. Aemilia est femina Iulii. Aemilia est femina Romana. Marcus, Quintus Iuliaque sunt tres liberi. Marcus et Quintus sunt duo pueri Romani. Iulia est puella Romana. Iulius est pater, Aemilia est mater... etc.
Los homunculi iban apareciendo, relacionándose unos con otros y permitiéndome explicar el vocabulario y las estructuras que encontraríamos después en el texto.
Las reacciones fueron de lo más variadas.
Edurne y Sofía parecían encantadas, con una sonrisa de oreja a oreja como dos niñas que asistieran a una función de títeres.
Clara y Alba me miraban ojipláticas como si no terminaran de creer lo que estaban viendo.
Irene y Luca quizá estaban pensando que aquello era indigno de una clase de Bachillerato seria.
Tampoco me preocupa demasiado: a mis cincuenta y dos años he perdido completamente el miedo al ridículo.
Y, además me lo estaba pasando estupendamente.
Y lo que de verdad importa: cuando abrieron el libro y empezaron a leer pudieron traducir la primera lección de un tirón con una facilidad extraordinaria.
Despacito sí, pero seguimos en puestos de Champions.
Latín II
En segundo de Bachillerato hemos comenzado el cuarto capítulo de Familia Romana y aquí sí que estamos cogiendo velocidad de crucero.
No todos me siguen a la perfección pero, en general, los resultados están siendo muy buenos.
Las calificaciones se han movido aproximadamente entre el cinco y el ocho.
Esta semana hemos dedicado bastante tiempo a repasar conceptos básicos de sintaxis: la diferencia entre verbos transitivos, intransitivos y copulativos, las oraciones coordinadas, subordinadas y yuxtapuestas, los modos verbales, el análisis de las funciones sintácticas.
Cosas que, en principio, deberían conocer después de tantos años estudiando Lengua Castellana.
Pero algunos tienen lagunas importantes. Ni me sorprende ni me escandaliza. Lo que me interesa es detectarlas y poder corregirlas.
Les he prometido preparar un pequeño documento de repaso, con explicaciones sencillas y ejemplos claros. No quiero convertir la clase de latín en un repaso de gramática española, pero tampoco puedo enseñarles a comprender estructuras latinas si no distinguen las funciones básicas de una oración.
* * *
En resumen: contra todo pronóstico, después de cinco semanas estoy disfrutando mucho de mi trabajo y mi única preocupación es que mi garganta se recupere del todo.
No está mal. Nada mal.
